Evolución en Carnívoros Para Evitarse Unos a Otros

Foto: Jennifer Hunter/UC Davis

¿Cómo logran los muchos animales carnívoros de América evitar competir por un mismo almuerzo, o convertirse unos en el alimento de los otros? Dos investigadores en la Universidad de California en Davis consideran que tienen una respuesta. Su análisis a gran escala muestra que no sólo es cuestión de casualidad, sino que las propias estrategias para mantenerse fuera del alcance de otros carnívoros han sido una fuerza impulsora en
la evolución de muchos de ellos, reflejada en factores tales como si la
especie es de actividad diurna o nocturna, si habita en los bosques o en las praderas, o si vive en los árboles o en el suelo.


América es el hogar de más de 80 especies de carnívoros terrestres, incluyendo a felinos, cánidos, osos, comadrejas, mofetas y mapaches. Comúnmente, veinte o más especies pueden ocupar la misma región.Por regla general, estas especies comparten la misma población de presas potenciales, incluyéndose unos a otros.

Jennifer Hunter y Tim Caro comenzaron por dibujar las áreas de distribución geográfica conocidas de 77 carnívoros americanos en un gran mapa digital. Asumiendo que para cualquier superposición de áreas de distribución geográfica, la competencia y la depredación eran posibles, compararon las características del comportamiento, el tamaño y la coloración del cuerpo de esos animales. Analizando esta enorme cantidad de información, fueron capaces de detectar patrones de estrategias empleadas por cada familia.
Por ejemplo, su mapa mostró que las familias de cánidos y osos comparten áreas de distribución geográfica con el mayor número de competidores potenciales. La mayoría de las especies en estas familias son omnívoras, lo cual ayuda a reducir la competencia por una dieta de carne.

Los miembros de la familia de los mapaches, a pesar de ser pequeños, tienen el menor riesgo de convertirse en presas, porque la mayoría se refugian en los árboles.

Uno de los resultados más sorprendentes fue que la mayoría de los carnívoros pequeños (mofetas, junto con algunas comadrejas) carecen de estrategias que les permitan aislarse físicamente de otros carnívoros. Cuando se valoran de modo conjunto estas superposiciones ecológicas, queda claro que esos animales comparten el mismo espacio al mismo tiempo con otros carnívoros.

¿Cómo se las arreglan pues estos animales para sobrevivir? Todas las mofetas y varias especies de comadrejas en este grupo poseen una coloración corporal o facial que tiene una demarcación abrupta entre el color blanco y uno negruzco. En las mofetas, este patrón de coloración con fuertes contrastes seguramente advierte a los depredadores sobre su capacidad de rociarles con un producto nada recomendable, mientras que en algunos miembros de la familia de las comadrejas ese patrón de coloración puede advertir sobre su ferocidad.

Vía: Menéame

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¿Cuánto dura un día?


A simple vista, la respuesta parece muy sencilla: un día es el tiempo que la Tierra necesita para dar una vuelta sobre sí misma. No obstante, la respuesta precisa requiere conocer muchas sutilezas acerca del movimiento de nuestro planeta. En la escuela aprendimos que la Tierra ejecuta dos tipos de movimiento, a saber, la rotación alrededor de su propio eje y la traslación o movimiento orbital alrededor del Sol. No obstante, nuestro planeta está continuamente sujeto a la acción de gran multitud de fuerzas de distinta naturaleza e importancia, algunas producidas en sus propias entrañas, otras provenientes del espacio exterior.

Hasta hace poco, sólo conocíamos la existencia de una pequeña parte de estas fuerzas. Por ejemplo, las llamadas fuerzas de marea, producidas por la Luna y el Sol, que son responsables de las mareas oceánicas y de la precesión del eje de la Tierra (que hace que ésta se bambolee lentamente como una peonza, con un periodo de unos 25.000 años).

Gracias al enorme desarrollo que experimentó la tecnología durante el siglo pasado, conocemos muchos detalles acerca de los diversos fenómenos que afectan al movimiento de la Tierra. Hay que destacar la técnica VLBI (interferometría de muy larga base), mediante la cual podemos combinar varios radiotelescopios (antenas parabólicas gigantescas) a lo largo y ancho del planeta. Esta técnica nos permite obtener imágenes muy nítidas de los objetos más compactos del universo, con una resolución que permitiría distinguir la longitud que crece un cabello humano durante un segundo, visto a un metro de distancia. Con esta técnica, además, podemos conocer las posiciones de los radiotelescopios sobre la superficie terrestre con una precisión de unos pocos milímetros. Hoy en día, gracias a esto ya se han detectado las mareas terrestres, que son deformaciones de la Tierra (del orden de un metro) producidas por la Luna. Hemos podido ver, además, cómo la rotación terrestre se acelera y desacelera al intercambiar energía con las corrientes oceánicas y atmosféricas (efectos de menos de una diezmilésima de segundo) o cómo la posición geográfica de los polos cambia lentamente debido al movimiento del núcleo terrestre, por causas que aún no están bien entendidas (efecto de sólo unos metros por década).

Hemos podido observar, incluso, el efecto que el hielo que se posó en las regiones boreales tras la última glaciación tuvo sobre la rotación de la Tierra. El peso de este hielo acható nuestro planeta, ralentizando su rotación como le ocurre a un patinador cuando abre sus brazos mientras gira. Tras el deshielo, este proceso se invirtió y la Tierra empezó a reacelerarse ¡Este pequeño efecto es, hoy en día, de sólo media milésima de segundo por siglo! Se ha detectado también el empuje gravitatorio que la Luna ejerce sobre la Tierra; empuje que, poco a poco, está frenando la rotación de nuestro planeta. En efecto, la Luna actúa como si estuviera atada a la superficie terrestre, por lo que la Tierra invierte parte de su energía en acelerar a la Luna, tal y como hace el tirador de una honda con su piedra. La aceleración de la Luna hace que ésta se aleje de nosotros, a razón de unos cuatro centímetros por año, y que cada siglo los días se alarguen un par de milésimas de segundo.

En 1884 se adoptó una forma universal de medir la hora, basada en la rotación de la Tierra; esa es la hora del meridiano de Greenwich u hora GMT. No obstante, en 1958 se adoptó una nueva forma de medir la hora, basada en los estándares de frecuencia, el fundamento de los relojes atómicos; ése es el Tiempo Universal Coordinado, u hora UTC. Así pues, debido a la desaceleración de la Tierra, los segundos GMT se han ido alargando, mientras que la duración de los segundos UTC ha permanecido constante; por consiguiente, ambas horas se van desincronizando lentamente.

El día y la noche se rigen por la hora GMT, pero los relojes modernos lo hacen por la UTC. Debido a esto, en ocasiones hay que añadir un segundo UTC extra a la duración de un año. Se dice entonces que los años se hacen un segundo más largos, aunque esto es una mala interpretación de la realidad. Sencillamente, lo que se hace es añadir un segundo al reloj UTC, para mantenerlo lo más sincronizado posible con el reloj GMT.

Así pues, para responder con precisión a la pregunta que da título a este artículo, deberíamos considerar todos y cada uno de los efectos descritos en los párrafos anteriores, así como muchos otros que no hemos mencionado. En resumen, un día dura un día, pero no todos los días (ni los meses, ni los años) duran lo mismo. Éste es un claro ejemplo de cómo el avance en el conocimiento nos permite ver la enorme complejidad que puede esconderse detrás de lo, aparentemente, más sencillo

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Los dinosaurios y los pajaros

Proteínas de hace 80 millones de años. Este es el sorprendente hallazgo de un grupo de investigadores estadounidenses, que ha logrado aislar aminoácidos originales del tejido blando y los vasos sanguíneos (Imagen) de un 'Brachylophosaurio canadiensis', un dinosaurio, del grupo de los hadrosaurios, que llegó a medir nueve metros de largo y que también fue antepasado de las aves, como el famoso Tiranosaurio rex.

El hallazgo de ocho péptidos de colágeno, en una secuencia proteínica, se debe al empeño especial de Mary Schweitzer y John Asara, dos de los firmantes del trabajo que esta semana publica la revista 'Science'.

En 2007, ambos ya encontraron colágeno en los restos fosilizados de un 'T. rex' de hace unos 68 millones de años, con el que probaban biológicamente la relación entre las aves y los dinosaurios, pero su trabajo desató una gran polémica científica.


Por ello, desde entonces, ambos investigadores se centraron en encontrar una prueba más que lo confirmara, y ahora la tienen.

Schweitzer y sus alumnos realizaron un estudio para predecir qué tipo de entorno era el más adecuado para una mejor preservación de los tejidos. Por ello acudieron enseguida cuando el paleontólogo Jack Horner, del Museo Rockies de Montana, encontró, en verano de 2007, los restos de un hadrosaurio enterrados a siete metros de profundidad y en la piedra arenisca del río Judith, un material que era ideal para una buena preservación. Efectivamente, era incluso mejor que la del T. rex descubierto años antes.

Para evitar cualquier alteración, diseñaron una metodología especial que permitió mantener el equilibrio químico de los fósiles hasta que estuvieron en el laboratorio. "Sabíamos que podía degradarse rápidamente al ser removido y por ello actuamos con mucha rapidez para meterlo dentro de un tubo de ensayo y tener la oportunidad de recuperar tejidos y moléculas", ha explicado Schweitzer.

Y dio resultado. En un fémur encontraron evidencias de una matriz fibrosa, vasos sanguíneos transparentes y flexibles y microestructuras que ya había visto en el 'T. rex'. Era increíble. Ahí estaba la confirmación de su trabajo de años antes, que echaba por tierra la idea de que no pueden existir proteínas tan antiguas porque, cuando los animales mueren, se inicia un proceso de mineralización que terminaría en un millón de años. Sin embargo, este 'Brachylophosaurio' las tenía ¡de hace 80 millones de años! Estaba claro que seguían otras pautas.

Tras observarlas por un microscopio electrónico para confirmar que eran colágeno, las muestras fueron enviadas a John Asara, del Besth Israel Deaconess Medical Center (Boston). Fue en su laboratorio donde se hizo una espectrometría de masas con un sofisticado aparato que es capaz de producir secuencias a una resolución mucho mayor que antes.

Una vez el hallazgo fue validado por varias fuentes, los resultados se enviaron a Chris Organ, también de Harvard, para que determinara el lugar que ocupaba el B. canadiensis en la cadena evolutiva de los animales.

Organ comparó sus secuencias de colágeno con las de otras 21 especies vivas y de otros fósiles, como el ya mencionado 'T. rex' y el mastodonte, tras lo cual le situó en la misma rama que el Tiranosaurio, es decir, en la rama de aves como los pollos y las avestruces y a gran distancia del cocodrilo. El paleontólogo Luis Alcalá, director de la Fundación Dinópolis, considera muy interesantes los resultados. "Habrá que probar, con otros hallazgos de otros investigadores, que las proteínas no son fruto de la contaminación de otros animales a lo largo de tanto tiempo", señala el experto español.

Alcalá anuncia que entre el 14 y el 21 de septiembre de este año, Mary Schweitzer acude a Dinópolis (Teruel) a un Simposio sobre Ecosistemas Terrestres Mesozoicos, donde explicará en persona su trabajo.


Fuente: El mundo

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El gen clave para la neuroblastia


Un gen que se descubrió hace más de 20 años ha sido identificado como fundamental en la prevención del neuroblastoma, uno de los cánceres infantiles más letales.

Se trata del gen de la clusterina o apolipoproteína J, una proteína presente en la mayoría de tejidos y fluidos del ser humano que, según el doctor Arturo Sala, del Instituto de Salud Infantil del University College of London, puede detener este cáncer, infornó Efe.

El neuroblastoma es un tumor sólido frecuente en la infancia (y especialmente letal entre los adolescentes), que se origina en las células de la cresta neural en el sistema nervioso periférico simpático, que va desde la base del cuello hasta la vértebra caudal.

Estos tumores cancerígenos, que pueden aparecer en cualquier lugar de esta cadena pero que se encuentran con mayor frecuencia cerca de la glándula suprarrenal y en el tórax, representan entre el 7 y el 10% de los cánceres en pacientes pediátricos, y el 50% de todas las neoplasias malignas detectadas en los infantes.

El 90% de los casos se da en niños menores de 5 años y es la principal causa de muertes por cáncer en bebés.

Según la investigación de Sala, publicada en el Journal of the National Cancer Institute, este hallazgo abre una puerta de esperanza ante una dolencia frente a la que poco pueden hacer tratamientos agresivos exitosos como el de lucha contra la leucemia.

"El neuroblastoma es mucho más raro y mucho menos conocido que la leucemia, a pesar del alto número de fallecimientos, y la investigación cuenta con muy poca financiación. Por esta razón, los esfuerzos en este campo son tan importantes", indicó Sala.

El investigador explicó que en las pruebas de laboratorio se introdujo clusterina en células de un neuroblastoma y se constató que las células dejaban de ser malignas y que no tenían la capacidad de generar tumores.

"Esto sugiere con fuerza que la clusterina puede suprimir de manera eficaz el crecimiento del tumor", subrayó Sala, quien expresó su esperanza de que se empiecen a realizar pruebas clínicas en personas dentro de aproximadamente tres años.

Sala añadió que este hallazgo también puede ser importante a la hora de hacer frente a otros cánceres, como el de próstata, en los que la clusterina también puede jugar un papel vital.

Fuente: el universal

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¿Quién hizo desaparecer los dinosaurios?


La hipótesis de que el impacto de un asteroide en la península mexicana de Yucatán fue el causante de la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años ha vuelto a ser puesta en entredicho en un nuevo estudio geológico.

De hecho, "ni una sola especie se extinguió como resultado del impacto de Chicxulub", afirma la paleontóloga Gerta Keller, de la universidad estadounidense de Princeton, autora principal del estudio publicado hoy en "The Journal of the Geological Society".

"El impacto de Chicxulub se produjo unos 300.000 años antes de la extinción en masa y por tanto no podría haberla causado", dijo Keller a Efe.

Varios científicos, entre ellos la propia Keller, habían puesto en duda anteriormente la teoría del impacto como causa de la extinción de los dinosaurios y del 65% de todas las especies en el límite entre los períodos Cretácico y Terciario.

Esa teoría se fraguó poco después del descubrimiento en 1978 en Chicxulub, en el norte de Yucatán, de un cráter de impacto de 180 kilómetros de diámetro en el que fueron halladas esférulas de vidrio en los sedimentos situados debajo del límite del Cretácico-Terciario (K/T en la jerga geológica) que se asocia con la extinción en masa.

La capa de esférulas marca el momento del impacto, explicó a Efe Keller.

Ahora, Keller y sus colegas han encontrado nuevas pruebas en México de que el impacto antecedió en 300.000 años el límite K/T y que no tuvo el efecto dramático que se pensaba sobre las especies.

En sus excavaciones en la localidad mexicana de El Peñón los paleontólogos hallaron los fósiles de las mismas 52 especies en los sedimentos situados por debajo y por encima de la capa de esférulas, según el estudio.

"Descubrimos que ni una sola especie se extinguió como resultado del impacto de Chicxulub", dijo Keller.

La científica explicó que en El Peñón las esférulas están incrustadas en sedimentos a más de entre 4 y 9 metros por debajo del límite K/T.

Estos sedimentos fueron depositados a razón de entre dos y tres centímetros cada mil años después del impacto.

Keller también rechaza las alegaciones de los defensores de la teoría del impacto según los cuales ambos eventos están separados en el registro de los sedimentos debido a un movimiento sísmico o tsunami como resultado del choque del asteroide.

El estudio halló que los sedimentos que separan ambos sucesos tienen características naturales, con los típicos huecos formados por las criaturas que colonizaban el fondo del océano, sin rastro de una alteración estructural.

En opinión de Keller, la desaparición de los dinosaurios pudo deberse a "una combinación de factores, pero el impacto de Chicxulub no sería uno de ellos".

Este antecede a la extinción en masa y no provocó la desaparición de ninguna especie de foraminíferos planctónicos, los organismos unicelulares más pequeños y más sensibles de los océanos, que son utilizados para reconstruir los cambios climáticos a través de la historia, explicó.

Uno de los factores pudieron ser las erupciones de Deccan, cuya fase principal coincidió con la extinción en masa y que produjeron ríos de lava que componen hasta el 80% de las montañas volcánicas de 3.500 metros de altitud en la India, señaló Keller.

"La idea más plausible es que los gases de dióxido de azufre fueran mortales a la hora de causar un enfriamiento global, mientras que la lluvia ácida destruyó las plantas y la acidificación de los océanos acabó con los organismos que segregan carbonatos", dijo.

Fuente: El universal

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Amenaza externa


La Academia Internacional de Astronáutica (IAA), en colaboración con la Agencia Espacial Europea y la estadounidense Aerospace Corporation, celebrará desde hoy y hasta el jueves en Granada la primera Conferencia Internacional sobre Defensa Planetaria, que versará sobre los esfuerzos que se están realizando por proteger a la Tierra de la amenaza de los asteroides que orbitan en el Sistema Solar y que pasan cerca del planeta.

A esta conferencia internacional, que se celebrará en el Palacio de Congresos, asistirán numerosos expertos en la materia, incluyendo a científicos e ingenieros de la NASA, la ESA, la JAXA japonesa, así como de diversas universidades de todo el mundo y varios astronautas, como Pedro Duque.

En el primer día del congreso se presentarán los avances en materia de detección, seguimiento y caracterización de asteroides. El segundo día se analizarán las misiones espaciales que se están preparando para afrontar el problema así como las tecnologías asociadas, mientras que en las siguientes jornadas se abordarán las consecuencias de un posible impacto sobre la Tierra de un NEO y de las políticas globales que se pueden llevar a cabo para mitigar el problema.

Durante el congreso se hará también entrega de un premio al mejor artículo presentado por jóvenes investigadores sobre investigaciones relativas al asteroide Apofis, que fue descubierto en 2004 y será especial objeto de discusión durante las ponencias y mesas redondas de la conferencia.

En la actualidad, los científicos han determinado que Apofis pasará muy cerca de nuestro planeta en abril de 2029 y que hay una posibilidad entre 45.000 de que colisione con la Tierra en abril de 2036.

La empresa española Deimos Space, promotora de la misión espacial Don Quijote diseñada para desviar asteroides que supongan un peligro para la Tierra, presentará en la conferencia un nuevo concepto de misión espacial a Apofis llamado Proba-IP, que está realizando para la Agencia Espacial Europea (ESA).

Asimismo, el director de Deimos Imaging, el astronauta Pedro Duque, pronunciará la conferencia inicial que versará sobre las acciones que habrá que tomar en el mundo para mitigar el problema de los NEOS

Fuente: El mundo

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Telas de araña aun mas resistentes


Científicos alemanes han descubierto que añadir ciertos metales como zinc, titanio o aluminio a las telas de araña, que en su forma natural ya son más fuertes y ligeras que el acero, convierten estos finos hilos en aún más resistentes a la rotura o a la deformación. La investigación, que publica el último número de la revista «Science», podría ser útil para crear tejidos super resistentes que traen a la memoria el famoso traje de Spiderman, además de material quirúrgico o tejidos artificiales para huesos, tendones y paredes de arterias.

Según uno de los responsables de la investigación, Seung-Mo Lee, del Instituto Max Planck de Microestructura Física en Halle, en la actualidad, pequeñas cantidades de metales se incorporan en las estructuras de las proteínas de diferentes partes del cuerpo, como las mandíbulas, haciendo esos materiales mucho más duros. Sin embargo, Lee y sus colegas quieren ir mucho más allá y crear materiales mucho más duros. Para ello, realizaron un complejo proceso por el que combinaron proteínas de la tela de araña con zinc, titanio o aluminio. Algunos de los iones de los metales penetraron en la fibras de la tela y y reaccionaron con la estructura de la proteína. Este proceso aumentó drásticamente el esfuerzo requerido para romper las fibras.

Fuente: ABC

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Vida en otros planetas mediante la quiralidad



Científicos del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, afirman haber encontrado la fórmula para descubrir si existe vida extraterrestre o no en otros planetas, sin tener que esperar a que los alienígenas vengan a visitarnos.

Según publica el NIST en un comunicado, la técnica desarrollada por los investigadores para detectar vida en el espacio no divisará a los extraterrestres directamente.

En lugar de eso, los instrumentos de rastreo empleados buscarán una señal inequívoca de la existencia de vida en algo mucho más abstracto: los efectos que provoca la biología en cualquier entorno, a nivel molecular.


Para ello, los científicos analizarán una propiedad denominada “quiralidad” en las moléculas de planetas lejanos. Esta propiedad la presentan algunas de las moléculas clave de la biología, como los aminoácidos y los azúcares, y consiste en que dichas moléculas, al incidir sobre ellas la luz, favorecen una dirección de desviación de ésta.

Así, según la dirección que propicien, las moléculas pueden ser “diestras” o “zurdas”. Una molécula diestra tiene la misma composición que su “prima” zurda, pero los comportamientos químicos difieren entre ambas.

Según explica Tom Germer, uno de los autores de esta investigación, dado que muchas sustancias esenciales para la vida propician una dirección particular de rotación de la luz, la quiralidad podría convertirse en una “marca” que revele la presencia de vida en lugares muy alejados de la Tierra.

Fuente: Tendencias 21

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El eslavon perdido de las focas y las morsas


El eslabón perdido que Charles Darwin aventuró que había existido entre las foca, las morsas y los leones marinos ya ha aparecido. Se trata del 'Puijila darwini', una especie del Mioceno temprano, hace entre 20 y 24 millones de años, que pudo ser el antepasado de todos los pinnípedos.

Los fósiles de un esqueleto casi completo de esta nueva especie fueron localizados en una excavaciones realizadas en 2007 en lo que fue un lago de un cráter creado por el impacto de un meteorito, en la costa de la isla canadiense de Devon.

Al año siguiente se continuaron los trabajos y apareció la base del cráneo del animal, una estructura muy importante para determinar sus relaciones con otras especies. En total, se encontró cerca del 65% de los huesos del 'Puijila darwini'.

Del análisis de los restos, publicado esta semana en la revista 'Nature' se desprende que fue un mamífero carnívoro cuyo cuerpo tenía el aspecto del de una nutria, pero su cabeza era más similar a la de las focas. Sus patas eran como las de los mamíferos terrestres, si bien tenía los pies reticulados, adaptados para la natación.

"Es la primera evidencia fósil de que los pinnípedos primitivos vivieron en el Ártico. Este hallazgo apoya la hipótesis de que esta zona pudo ser el cnetro geográfico en la evolución de estas especies", ha señalado la paleontóloga Natalia Rybczynski, del Museo de Historia Natural de Canadá, que ha liderado este trabajo junto con Mary Dawson, del Museo de Historia Natural de Carnegie.

'Puijila' significa mamífero joven en el lenguaje de los inuit (el inuktitut), mientras que el apellido 'darwini' se le puso en honor de Darwin, que ya en el siglo XIX predijo que tenía que haber habido una transición de la tierra al agua de los animales semiacuáticos, como las focas o los leones marinos en su obra 'El origen de las especies".

"Un animal terrestre totalmente que de vez en cuando buscara alimento debajo del agua, en corrientes y lagos, pudo acabar convirtiéndose en un animal tan acuático que podía nadar en el océano abierto", aventuraba el biólogo hace 150 años. Y así fue, según los fósiles del 'P. darwini'. "El esqueleto que hemos encontrado tenía miembros pesados, que indica músculos bien desarrollados, y falanges aplanadas, que sugieren que sus pies tenían retícula. También poseía. una larga cola. Todo ello nos dice que podía caminar por tierra y nadar. Es la evidencia evolutiva que hemos buscado durante mucho tiempo", reconoce Mary Dawson.

El lago donde se encontraron, según las evidencias paleobotánicas, tenía entonces un ambiente templado y costero, similar al que hay en New Jersey en la actualidad. Se supone que lo lagos de agua dulce se congelarían en invierno, por lo que el ancestro de las focas y las morsas debía viajar hasta el mar para buscar comida. En otras palabras, tuvieron que pasar un periodo de transición desde las aguas dulces a las saladas.

En el mismo lugar también se encontraron fósiles de peces de agua dulce, de un pájaro y de cuatro mamíferos: una musaraña, un conejo, un rinoceronte y un pequeño herbívoro de piernas cortas, antepasado de las jirafas y de los ciervos.

Una réplica de cómo era el esqueleto del 'Puijila darwini' será incluido en una exposición sobre 'Mamíferos extremos' que podrá verse a partir del 16 de mayor en el Museo de Historia Natural Americana, en Nueva York.


Fuente: El mundo

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Un ex-astronauta dice que no estamos solos


El ex astronauta de la NASA Edgar Mitchell, que viajó a bordo de la nave Apollo 14 en 1971, ha asegurado en una conferencia dedicada a los ovnis y extraterrestes, que los 'alien' existen y que el Gobierno de EEUU tiene ocultos OVNIS, según publica el 'Daily Telegraph'.

Mitchell explicó que en el año 1974 intentó investigar el famoso caso conocido como 'Incidente Roswell' sobre la caída de un objeto volador no identificado en territorio estadounidense, pero su investigación se vio truncada por las autoridades del país.

El ex astronauta, de 78 años, dijo: "No estamos solos. Nuestro destino, en mi opinion, es terminar formando parte de una comunidad planetaria... Tenemos que estar dispuestas a ir más allá de nuestro planeta y más allá de nuestro sistema solar para averiguar que es lo que está ocurriendo realmente allí fuera".

Mitchell cerció en Roswell (Nuevo México), localidad en al que en 1947 algunos de sus vecinos creyeron ver como un ovni se accidentaba. Según Mitchell, los habitantes de la zona fueron silenciados por las autoridades militares. Él mismo llevó ante el Pentágono el hecho, pero cuando parecía que iba a tener acceso a los informes de lo ocurrido toda la investigación se vino abajo.

Por su parte, la Nasa no ha tardado en reaccionar a las palabras de Mitchell. Según la agencia, la NASA "no realiza ningún tipo de seguimiento a ovnis", ni forma parte "de ningún encubrimiento sobre vida más allá de la Tierra".


Fuente: EL mundo

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