La molécula tóxica que orienta a las aves


Un equipo de investigadores ha revelado que una molécula tóxica, de la cual se sabe que daña las células y causa enfermedades, también podría ejercer un papel fundamental en la migración de las aves. La molécula, un superóxido, está propuesta como una pieza fundamental en el misterioso mecanismo que permite a las aves "ver" el campo magnético de la Tierra.


El criptocromo es un fotorreceptor de luz azul que se encuentra en los vegetales y en los ojos de aves y de otros animales.

Klaus Schulten, de la Universidad de Illinois, fue el primero en proponer (en el año 2000) que esta proteína era un componente fundamental del sentido geomagnético de las aves, lo cual fue corroborado más tarde por evidencias experimentales. Él hizo esta predicción después de que, junto con sus colegas, descubriera que los campos magnéticos pueden influir en las reacciones químicas si éstas se dan lo bastante rápido como para ser gobernadas sólo por la mecánica cuántica.

Los cambios en el campo electromagnético, como los experimentados por un ave cuando varía su dirección de vuelo, parecen alterar una brújula bioquímica en el ojo, permitiendo al ave ver si su dirección corresponde al norte o al sur.

Antes de que se abriera esta línea de investigación, se pensaba que eso era imposible debido a que los campos magnéticos interactúan muy débilmente con las moléculas. Dichas reacciones químicas involucran la transferencia de electrones, lo que conlleva a la libertad de giro de los espines de electrones. Estos espines se comportan entonces como una brújula.

Otros investigadores ya habían descubierto que el criptocromo, actuando a través de sus propios espines moleculares, atrae a un "socio" de reacción que funciona en el llamado espín cero. Se ha sugerido que el oxígeno molecular es ese socio. Los científicos creen que el socio en la reacción no es la benigna molécula de oxígeno que todos respiramos, sino un superóxido al que podríamos ver como un primo y que se caracteriza, entre otras cosas, por ser una molécula de oxígeno cargada negativamente.

El hecho de que un superóxido, con su toxicidad, funcione adecuadamente como un socio de reacción, puede resultar un tanto llamativo. Pero en el fondo tiene su lógica. El cuerpo tiene muchos mecanismos para reducir las concentraciones de superóxido y evitar sus efectos dañinos. Y esto resulta útil también para el sistema de la brújula, ya que la molécula debe estar presente a bajas concentraciones, pero no demasiado, para que la brújula bioquímica funcione eficazmente.

Por otra parte, la toxicidad del superóxido podría también explicar por qué los humanos no tenemos la misma habilidad de las aves para ver el campo electromagnético de la Tierra.

Fuente: Universidad Illinois

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